La moda de los autos vintage: un negocio que acelera mirando el espejo retrovisor

Los nuevos ricos tecnológicos y los herederos de mercados emergentes impulsan la demanda de modelos clásicos.

Algunos expertos del mercado de coches clásicos los llaman "la generación de los foros de Internet", otros se refieren a ellos tan solo como una nueva hornada de intermediarios y compradores que van a dar un impulso a un negocio que vivió un desmedido auge hasta el periodo 2014-15 y que en los últimos dos años ha experimentado un tremendo ajuste: ya no se vende cualquier cosa ni a cualquier precio. Como decía Neil Garrand, experto en la marca Aston Martin, en un reciente balance del mercado hecho para la firma británica Classic & Sport Finance (CSF), "nadie piensa ahora que comprar un automóvil clásico es un pasaje directo para obtener enormes beneficios a corto plazo. A raíz de esto, estamos viendo que vuelven al mercado verdaderos entusiastas que aprecian los automóviles como las obras de arte que son".

Adolfo Orsi, uno de los coautores del Classic Car Auction Yearbook, un texto de referencia en el sector, coincide en que "los números [del período 2016-17] señalan que los compradores, a diferencia de los últimos años, son mucho más selectivos y que los precios se están asentando gradualmente". Los datos del libro muestran un aumento de la oferta de vehículos y un incremento aún mayor de los vendidos en subastas, lo que para algunos analistas supone el inicio de una etapa de expansión del negocio.

La firma de subastas francesa Artcurial Automobiles vendió vehículos por valor de 34 millones de dólares en la pasada edición del salón Rétromobile de París y sus expectativas para 2018 son buenas. Matthieu Lamoure, gerente de la empresa, sostiene que el fin de la etapa de máxima especulación en el último año ha beneficiado a tres tipos de vehículos: los perfectamente restaurados que tienen los documentos y fotografías que prueban el trabajo hecho, los coches con historia en estado original sin ninguna restauración; y los muy raros, que se han ganado un sitio en la historia del automovilismo.

Dentro de las tres categorías, los coches de mayor cotización vendidos en subastas entre 2016 y 2017 siguen siendo los fabricados entre los cincuenta y sesenta. De los diez mejor pagados hay ocho modelos de esos años y el que mayor valor alcanzó fue un Aston Martin DBR1 de 1956: 22,55 millones de dólares. Claro que el coche, además de estar en perfecto estado, tenía un historial apabullante: ganador de los 1000 kilómetros de Nürburgring en 1959, gemelo del ganador ese mismo año en Le Mans y pilotado por Stirling Moss o Jack Brabham, entre otros.

Lo llamativo, sin embargo, es que el segundo más cotizado fue un McLaren F1 de 1995, que alcanzó la friolera de US$15,62 millones. Este modelo, junto a otros como los Lamborghini Countach o Diablo, los Ferrari 308, Testarossa, F40 y F50, Aston Martin Vantage Zagato o Porsche GT1, están en la mira de un comprador cada vez más habitual en el mercado de los clásicos. "Generalizando, es un cliente que ha hecho fortuna en compañías tecnológicas o que es heredero de grandes fortunas. Y no solo de Estados Unidos, también de Oriente Próximo y China", explica Lamoure. "Tiene entre 40 y 50 años de edad y no sabe ni le interesa nada la mecánica", añade Rob Johnson, gerente de CSF. Para este experto, el coleccionista de coches vintage que levantaba el capó para inspeccionar el motor y que incluso se atrevía a involucrarse en la reparación y restauración del vehículo simplemente está desapareciendo por el ciclo natural de la vida.

Influencia del cine

Esta nueva generación de compradores, dicen los expertos, tenían cuando eran adolescentes en un póster de su habitación los modelos que ahora compran. En muchos casos eran vehículos que aparecían en películas o series de televisión, como el Ferrari 308 GTS que conducía el actor Tom Selleck en Magnum, el Ferrari Testarossa que catapultó a Don Johnson a la fama en Miami Vice, el Maserati Merak que aparece en Scarface o el Lamborghini Countach negro de Burt Reynolds en el film Cannonball. Lo curioso de esta nueva generación de coleccionistas es que no anhelan el coche que conducían sus padres o que han supuesto un antes y un después desde el punto de vista mecánico o de diseño, sino los que popularizaron el cine, la televisión y la industria del video musical.

La renovación de la clientela va acompañada de la aparición de nuevos intermediarios que trabajan fuera de las casas de subastas para tener un contacto directo con el inversor. Jan Lühn en Alemania, Arthur Kar de LArt de lAutomobile en Francia o Ricardo Pessoa con Cool & Vintage en Portugal son algunas de las nuevas referencias entre los vendedores. Usan imágenes o videos inspirados en un estilo de vida desenfadado en sus webs o Instagram y apuestan por exhibiciones pequeñas y efímeras.

Por: Fernando Gualdoni